martes 17 de junio de 2008

Foro

El editorial es muy acertado al definir suelo y el agua como soporte de nuestras actividades. La sostenibilidad debería entenderse como un uso respetuoso de los recursos, tanto dentro como fuera de casa. En los países en vías de desarrollo, vemos como se han utilizado los recursos naturales ajenos a plena conveniencia de empresas exportadoras de materiales. De nada han servido derechos ancestrales sobre territorios tradicionalmente respetuosos (es decir, sostenibles) con el medio ambiente. Ahora son las principales víctimas de la explotación de la tierra, no solo a nivel económico, si no también con pérdida de vidas humanas. Al generar esos "oasis" deberíamos recordar que el agua no es solo bebida y ocio, es producción alimentaria, salud, derecho de la infancia a crecer, es bienestar vital…, en Europa no nos tenemos que enfrentar en el día a día con la necesidad de agua para sobrevivir, por eso quizá sea que no hacemos un uso, sino un abuso, un exceso, de este y otros recursos naturales de nuestro alrededor.

Arantxa Osés Alvarez Arquitecto, Arquitectos sin Fronteras

Richard T.T. Forman tiene un libro en el que aborda cómo sostener una mínima calidad del medio-ambiental sin tener que parar el desarrollo económico, urbano, social...

La clave son las manchas verdes que sostienen una red por donde la fauna y la flora puedan moverse sin tener que pisar, ni una sola vez, suelo urbano. Estas manchas verdes son bosques de diferentes tamaños, los más pequeños de los cuales hacen de conectores entre las grandes masas forestales.

El agua es vital para mantener la calidad de los bosques y de las manchas interconectadas. Forman incide en la calidad de los acuíferos que dependerá no sólo de si están contaminadas, sino también de otras actuaciones pacíficas sobre el entorno como la agricultura. Ya que un huerto incide en los flujos del agua que bajan por las laderas, al igual que las terrazas agrícolas que provocan o dejan de provocar inundaciones o alteraciones en un delta o la parte baja de los ríos, con lo que se altera la dinámica natural del río y se incide en la fauna y la flora del río y de su entorno inmediato.

Esta necesidad ha existido siempre, al igual que la escasez, y han sido muchas las técnicas usadas en nuestro territorio a lo largo de los siglos para gestionar este recurso. El problema actual es que las estrategias que durante años hemos utilizado, se hacen ahora insuficientes ante el aumento de la población (un millón de nuevos habitantes en Cataluña en tan sólo 10 años), la dispersión urbana (principal factor del aumento de riesgo de inundación), los nuevos hábitos y el cambio progresivo de nuestro clima.

Así hemos de desarrollar nuevas estrategias, exigiéndonos entender mejor el entorno y las necesidades de nuestra construcción natural. Es normal que ante estas nuevas exigencias nos veamos superados y no sepamos como actuar, es común que nuestra primera reacción sea la alienación sobre el tema, pues son tantas las nuevas exigencias que hoy en día se dan a los profesionales del planeamiento y la construcción urbana. Sin embargo, y como tantas otras veces, hemos de ver en la dificultad una oportunidad. ¿No conseguiremos con ese esfuerzo una ciudad más sostenible, y al mismo tiempo un saber hacer que hará a nuestros profesionales y empresas más competitivos en el contexto económico mundial?

Daniel Díaz Benito Ambientólogo especialista en planificación y construcción

Desde hace un tiempo, soy de las que se preocupa por el consumo del agua en casa y procuro que no se desperdicie. Y se me cae el alma a los pies cuando veo que la gente la gasta en cosas absurdas.

Los ríos de México, la mayoría están contaminados y con cada vez menos caudal. Lo más asombroso es fue ver uno de los ríos que surtían agua a las poblaciones cercanas que estaba prácticamente seco. Cuando veo fugas y pido ayuda a veces la respuesta ha sido preocupante: no les interesa y lo hacen de mala gana. Y en caso de las instituciones que arreglan este tipo de fugas, los trabajadores no tienen la suficiente conciencia y les dan poca prioridad.

La otra cara es que es muy placentero ver que cada vez somos más los que nos preocupamos y que actuamos.

De acuerdo a la disponibilidad en el tiempo, tasa de generación (o regeneración) y ritmo de uso o consumo, los recursos se clasifican en renovables y no renovables. Los recursos naturales renovables hacen referencia a recursos bióticos, recursos con ciclos de regeneración por encima de su extracción. Su uso excesivo puede convertirlos en un recurso extinto (bosques, pesquerías, etc.) o no limitados (luz solar, mareas, vientos, etc.); mientras que los recursos naturales no renovables son generalmente depósitos limitados o con ciclos de regeneración muy por debajo de los ritmos de extracción o explotación (minería, hidrocarburos, etc.).

Los recursos pueden considerarse renovables cuando se regeneran a una tasa superior a la de su consumo. Algunos son virtualmente inagotables, lo que no quiere decir que su disponibilidad sea ilimitada.

El 6 de mayo de 1968 fue redactada en Estrasburgo la Carta Europea del Agua. Fue una declaración de principios para una correcta gestión del agua, concretada en 12 artículos:

1. No hay vida sin agua. El agua es un tesoro indispensable para toda actividad humana.
2. El agua no es inagotable. Es necesario conservarla, controlarla y, si es posible, aumentar su cantidad.

3. Contaminar el agua es atentar contra la vida humana y la de todos los seres vivos que dependen de este bien.

4. La calidad del agua debe mantenerse en condiciones suficientes para cualquier uso; sobre todo, debe satisfacer las exigencias de la salud pública.

5. Cuando el agua residual vuelve al cauce, debe estar de tal forma que no impida usos posteriores.

6. Mantener la cubierta vegetal, es necesario para conservar los recursos del agua.

7. Los recursos del agua deben ser inventariados.

8. La correcta utilización del agua debe ser planificada por las autoridades competentes.

9. La conservación del agua debe potenciarse intensificando la investigación científica, formando especialistas y mediante una información pública adecuada.

10. El agua es un bien común, cuyo valor debe ser conocido por todos. Cada persona tiene el deber de ahorrarla y usarla con cuidado.

11. La administración del agua debe fundamentarse en las cuencas naturales más que en las fronteras políticas y administrativas.

12. El agua no tiene fronteras. Es un bien común que requiere la cooperación internacional.